Adiós con música, flores y hasta cenizas en el agua: así se despide al muerto en distintas culturas
De Nueva Orleans a la costa surfer hasta Ghana, hay comunidades que transforman el duelo en encuentro colectivo. Recorremos cinco rituales que muestran que llorar no es la única manera de despedir a alguien.
El duelo no se vive igual en todos lados. Mientras en buena parte del mundo occidental prima el llanto silencioso y el cementerio como destino final, hay pueblos y ciudades donde la despedida es puro ruido, color y movimiento. Son rituales que, lejos de tapar el dolor, lo procesan a cara descubierta y en compañía. Lo que une a todas estas tradiciones es una misma idea de fondo: la muerte no borra al otro, se lo honra mientras se sigue viviendo.
Cinco formas de decir chau que sorprenden
- Nueva Orleans: una banda de música acompaña el cortejo fúnebre desde la iglesia hasta el cementerio. La melodía arranca lenta y se va soltando a medida que avanza el recorrido, hasta que familiares y vecinos terminan bailando al lado del féretro.
- México: el Día de Muertos, reconocido por la UNESCO como patrimonio cultural intangible, sostiene que las almas vuelven de visita al mundo de los vivos. Las familias arman altares con la comida favorita del difunto y pasan la noche entera en los cementerios, entre velas, flores y cánticos.
- Bolivia: cada 8 de noviembre se celebra la festividad de las Ñatitas en el Cementerio General de La Paz. Los creyentes llevan cráneos humanos, los visten, les ofrecen flores, coca, cigarrillos y velas, y creen que cuidan la casa y pueden pedir favores.
- Ghana: los ataúdes son verdaderas obras de arte con forma del oficio o la pasión del difunto, como un pez para un pescador o un avión para un piloto. La ceremonia se estira hasta tres días e incluye coreografías en el traslado del cuerpo.
- Comunidades surferas del Pacífico: el duelo se hace en el mar. Los deudos se paran sobre sus tablas, forman un círculo, tiran flores al medio y cada uno habla del fallecido. Si hubo cremación, las cenizas se esparcen ahí mismo.
Como explica Mariana Ferreyra, becaria de Antropología en la UBA, estos rituales cumplen un rol social clave: le ponen un marco colectivo a una experiencia que, encarada en soledad, puede resultar aplastante. Compartir el dolor, tener un momento y un lugar para expresarlo, ayuda a que la pérdida se pueda transitar en vez de quedar atragantada. En criollo: llorar juntos, cantar juntos o comer juntos hace que la mochila sea más liviana.
¿Y eso para qué sirve?
Mirar cómo otros pueblos despiden a los suyos nos sirve para entender que el duelo no tiene una sola forma correcta. Si te cuesta llorar, si necesitás reírte en el velorio o si te sale poner música en el cementerio, no hay nada malo en eso. Lo importante es no quedarse solo con el dolor y encontrar el ritual que le sirva a cada uno para soltar al otro y seguir.
