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Jueves, 15 de octubre de 2026
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Cinco canastas básicas por una bicicleta que nunca volvió: la Justicia le dijo basta al supermercado de Neuquén

Un ciclista dejó su rodado con candado en la playa de estacionamiento de un supermercado de Neuquén y al salir se encontró con el playón vacío. La Dirección Provincial de Protección al Consumidor le aplicó una multa equivalente a cinco canastas básicas alimentarias, cercana a los 4 millones de pesos, y la Justicia confirmó la sanción tras la apelación del comercio.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 1 h
Cinco canastas básicas por una bicicleta que nunca volvió: la Justicia le dijo basta al supermercado de Neuquén

Soy Alfredo Cabral, desde Río y ambiente, y esta vez la nota arranca con un detalle que me sigue dando vueltas: alguien en Neuquén capital ató su bicicleta con candado en el estacionamiento de un supermercado, entró a hacer las compras de siempre y, cuando volvió, el rodado ya no estaba. Nadie vio nada, nadie supo nada, y lo único cierto es que el damnificado terminó sosteniendo el manubrio de un fierro que no era el suyo, en un playón donde supuestamente su bici iba a estar segura mientras él elegía qué llevar a la mesa.

El caso llegó a la Dirección Provincial de Protección al Consumidor, que entendió que la responsabilidad no podía recaer en la víctima y resolvió imputar al comercio. El supermercado, como suele ocurrir cuando se mueve la billetera, ejerció su derecho de defensa en sede administrativa y después llevó la discusión a la Justicia. El fallo judicial, finalmente, le dio la razón al organismo provincial y confirmó la sanción impuesta al establecimiento.

Una multa que pesa más que la bici

Lo que terminó pagando el comercio no es un vuelto: la multa equivale a cinco canastas básicas alimentarias, un monto que ronda los 4 millones de pesos, una cifra que, como me comentaba esta mañana un baqueano del barrio mientras cargaba su bici en un poste, supera de largo lo que habría salido reponer cualquier bicicleta en una ciudad patagónica. La sensación, me decía, es que te terminan cobrando el doble: una vez por el robo y otra vez por la multa, aunque en realidad el castigo lo paga el que dejó la puerta abierta, que en este caso fue el supermercado.

  • El cliente dejó la bicicleta en el lugar destinado a ese fin y la aseguró con candado, es decir, tomó los recaudos básicos que cualquier usuario razonable adoptaría.
  • El organismo provincial consideró que quien habilita un estacionamiento asume la responsabilidad de garantizar condiciones mínimas de seguridad en ese espacio.
  • La cartelería que muchos comercios exhiben para desligarse de hurtos no tiene valor legal y puede generar infracción adicional.
  • Los objetos que el cliente lleva consigo dentro del local, como el celular o la cartera, quedan bajo su propia custodia, mientras que los bienes dejados en la playa de estacionamiento están bajo la órbita del establecimiento.

En paralelo al expediente administrativo, el damnificado mantiene abierta una causa en el fuero civil para reclamar el resarcimiento económico directo por la bicicleta perdida. Desde el organismo aclararon que el sumario funciona como prueba preconstituida para ese proceso, de modo que lo decidido en sede administrativa no es un papel decorativo: pesa, y mucho, a la hora de discutir quién se hace cargo del agujero que dejó el robo en el bolsillo del ciclista.

Qué mirar en los próximos días aguas abajo

El criterio que fijó Protección al Consumidor en este fallo deja una huella que va a sentirse aguas abajo en los próximos días: cualquier comercio neuquino que siga exhibiendo el clásico cartelito de no nos responsabilizamos por los objetos dejados en el estacionamiento tiene una multa extra servida en bandeja. La advertencia ya no es declamativa, es jurisprudencia, y los estudios contables que asesoran a las cadenas de supermercados lo saben mejor que nadie. Mientras tanto, el expediente civil por la reposición de la bicicleta sigue su curso, y la pregunta que queda flotando en el aire patagónico es simple: cuántas veces más va a pasar lo mismo antes de que las playas de estacionamiento empiecen a parecerse, aunque sea un poco, a lo que prometían en la entrada.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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