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Martes, 13 de octubre de 2026
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Cinco mitos sobre la salud cardíaca que todavía circulan y que la evidencia se encarga de desmentir

Un especialista de Cleveland Clinic repasó las creencias más arraigadas que llevan a muchos pacientes a minimizar los riesgos y a postergar los controles, en un escenario global donde las enfermedades cardiovasculares explican casi un tercio de los fallecimientos.

Por Griselda AyalaEmpleo público y economía · · hace 34 d
Cinco mitos sobre la salud cardíaca que todavía circulan y que la evidencia se encarga de desmentir

Las enfermedades cardiovasculares provocaron 19,8 millones de muertes en el mundo durante 2022, equivalente al 32 por ciento del total global, de acuerdo con los registros de la Organización Mundial de la Salud. La magnitud del dato convive, sin embargo, con una serie de ideas equivocadas que persisten en la población y que terminan retrasando diagnósticos y tratamientos. El cardiólogo Luke Laffin, de la clínica Cleveland, identificó cinco de esos mitos y los contrastó con la evidencia disponible.

Riesgo compartido entre varones y mujeres

La primera de esas creencias instaladas en el imaginario colectivo sostiene que el corazón es un asunto de hombres. Laffin lo descarta de raíz: el corazón no discrimina por sexo, afirmó. En las mujeres existen factores de riesgo específicos, entre ellos la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y determinadas complicaciones durante el embarazo. A esa carga propia se le suma una cuestión cultural y de organización cotidiana: los controles suelen quedar postergados frente a otras responsabilidades. Por eso, la recomendación práctica es conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con el médico de cabecera, quien podrá derivar a cardiología cuando la situación lo justifique.

La edad como referencia equivocada

El segundo mito repite que el corazón solo se enferma después de los 50. La realidad clínica indica otra cosa: las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden comenzar en personas de 20, 30 o 40 años, con frecuencia sin síntomas visibles. La predisposición genética al colesterol elevado o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, de modo que los análisis de sangre y los chequeos regulares no deberían reservarse exclusivamente para la población adulta mayor.

Lo que la herencia no condena

La tercera idea equivocada presenta a los antecedentes familiares como una sentencia inevitable. Los especialistas aclaran que esos antecedentes aumentan el riesgo, aunque no lo determinan. Entre las medidas que reducen esa probabilidad se cuentan la alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, abandonar el cigarrillo y moderar el consumo de alcohol. Cuando los cambios de hábito resultan insuficientes, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y los niveles de colesterol.

La ausencia de síntomas como señal engañosa

El cuarto mito es quizá el más peligroso: la convicción de que sentirse bien equivale a estar libre de riesgo. La enfermedad coronaria avanza de manera lenta y silenciosa, mientras que la hipertensión y el colesterol elevado rara vez producen manifestaciones clínicas. En algunos casos, el primer aviso llega en forma de infarto o de accidente cerebrovascular. Por ese motivo, las consultas anuales con el médico de atención primaria y los análisis periódicos cobran un valor central para seguir la evolución de esos indicadores antes de que se traduzcan en complicaciones.

El deterioro como destino y no como proceso

  • El corazón no es un problema exclusivamente masculino: las mujeres tienen factores de riesgo propios y controles postergados.
  • Las alteraciones cardiovasculares pueden iniciarse mucho antes de los 50 años y, en muchos casos, sin síntomas.
  • Los antecedentes familiares elevan el riesgo, pero la alimentación, la actividad física y la medicación pueden modificar ese pronóstico.
  • Sentirse bien no garantiza estar libre de riesgo: hipertensión y colesterol suelen avanzar sin avisos.
  • El deterioro cardiovascular no debe asumirse como un destino inevitable: la detección temprana cambia el curso de la enfermedad.
GA
Griselda AyalaEmpleo público y economía

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