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Miércoles, 14 de octubre de 2026
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Cincuenta años después, "Los demonios" vuelve a las salas con la versión que Ken Russell soñó y nunca pudo estrenar

La película sobre las monjas poseídas de Loudun llega a los cines españoles en su corte restaurado de 114 minutos, con escenas que la censura británica y estadounidense habían borrado durante más de cinco décadas. Un crítico inglés y los archivos de Warner reconstruyeron, cuadro por cuadro, la obra maldita que el Vaticano intentó silenciar.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 1 h
Cincuenta años después, "Los demonios" vuelve a las salas con la versión que Ken Russell soñó y nunca pudo estrenar

A Marta, la contadora del pueblo que viaja a la capital una vez por mes para ver películas que en su pueblo jamás se proyectan, le conté la semana pasada que íbamos a hablar de "Los demonios" y se quedó callada un instante del otro lado del teléfono. "Esa es la que prohibieron en todas partes, ¿no?", me preguntó. Sí, le dije. Esa misma. La que el Vaticano quiso frenar en Venecia, la que diecisiete municipios ingleses directamente vetaron, la que recién ahora, más de medio siglo después de su estreno, se va a poder ver completa en una sala de cine como la que ella y yo pisamos el viernes pasado en el centro de Buenos Aires.

Lo que llega a las salas españolas a partir del 16 de octubre es la versión de 114 minutos que el director inglés Ken Russell armó en 2004, ya cerca del final de su vida, como la definitiva. Es un filme de 1971, con Vanessa Redgrave y Oliver Reed como protagonistas, que durante más de cincuenta años solo se pudo ver recortado: 111 minutos en la copia británica, 108 en la estadounidense. La diferencia no es un detalle técnico: es el corazón temático del que hablaba Russell, y que le habían amputado.

El caso de Loudun y la novela que lo convirtió en pesadilla

Russell tomó como punto de partida un episodio real del siglo XVII,, que en nuestro idioma solemos llamar Loudun. Allí, varias monjas denunciaron estar poseídas por el demonio y apuntaron contra un sacerdote del pueblo, Urbain Grandier, a quien acusaron de haberlas embrujado. Grandier fue juzgado, condenado por brujería y quemado vivo en la plaza. Décadas después, el escritor Aldous Huxley, el mismo de "Un mundo feliz", recogió el caso en la novela "Los demonios de Loudun", y ese libro fue el que Russelladaptó al cine con una libertad visual que en su época resultó insoportable para las autoridades.

Lo que cuenta la película, en definitiva, no es solo un exorcismo del siglo XVII sino, como el propio Russell explicó más tarde, "el lavado de cerebro, la toma del poder por parte del Estado". Esa lectura política es la que terminó de molestar a todo el mundo: a la Junta Británica de Clasificación Cinematográfica, a los censores estadounidenses, a los municipios ingleses que la prohibieron, a Finlandia que la tuvo vetada hasta noviembre de 2001 y, sobre todo, al Vaticano, que pidió suspender sus proyecciones cuando se presentó en el Festival de Venecia.

Los 89 segundos que le "rompieron el corazón" a Russell

La historia de cómo se recuperó el metraje completo es, en sí misma, una novela detectivesca. El crítico cinematográfico Mark Kermode, que conoció personalmente a Russell, se obsesionó con devolverle al filme las escenas perdidas. Rastreó durante años negativos y listados de censor con ayuda de la filial británica de Warner Bros. y de un grupo de archivistas independientes. La pista apareció en un rollo catalogado con un nombre anodino: "C Cut 89". Eran, precisamente, los 89 segundos que la Agencia Británica de Clasificación de Películas había retirado oficialmente de la copia original.

Con ese material, Russell pudo por fin montar la versión que él consideraba definitiva: 114 minutos, con las secuencias que él y su editor Michael Bradsell siempre habían visto como el centro mismo de la obra. Se proyectó una sola vez, en el BFI Southbank de Londres, con el director ya enfermo. Kermode lo contó con una frase que todavía resuena: "Estas alteraciones le rompieron el corazón a Ken Russell porque el material eliminado no solo contenía parte de su mejor trabajo, sino que también encapsulaba el corazón temático de la película".

La copia que ahora llega a las salas españolas fue restaurada en 4K y se exhibe por primera vez en su forma íntegra. Quienes la vean en estos días van a encontrar, mezcladas con las coreografías delirantes, los exorcismos, los cuerpos atravesados por la histeria religiosa y los planos de una Vanessa Redgrave que parece arder en cada escena, las piezas que durante medio siglo solo circularon en copias clandestinas o en ediciones de coleccionista con calidad deplorable.

Por qué sigue importando una película maldita de 1971

A mí, que tengo la edad como para haber llegado tarde a casi todo lo que me obsesionó de joven, esta reposición me devolvió una certeza: hay películas que envejecen mal y otras, como "Los demonios", que envejecen cada vez más jóvenes. La pregunta por el modo en que el poder, la religión y la masa se confabulan para destruir a un individuo incómodo no era solo de los años setenta ni del siglo XVII: es de ahora mismo, de cada vez que un Estado justifica una locura en nombre de un orden superior.

Salí del cine y, en la puerta, un señor de unos setenta años le dijo a su mujer, con la voz todavía temblorosa: "Mirá, la pudimos ver entera". Esa frase, tan simple, es la mejor síntesis de lo que significa este estreno: medio siglo después, la versión soñada por su director ya no es un objeto de culto secreto sino una película que puede verse en pantalla grande, con la duración y la integridad que Russell siempre quiso. Los demonios, al menos en el cine, terminaron ganando la pulseada.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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