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Martes, 13 de octubre de 2026
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Cuando un mensaje corto se vuelve una novela: por qué llenamos los silencios de la pareja con nuestras propias novelas

Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño explican cómo los miedos, las heridas viejas y la costumbre de anticipar lo que el otro piensa convierten una respuesta breve en una discusión que nadie buscó. Distinguir los hechos de la interpretación, reconocer la propia emoción y volver al diálogo directo son las llaves que proponen para desactivar ese engranaje.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 26 d
Cuando un mensaje corto se vuelve una novela: por qué llenamos los silencios de la pareja con nuestras propias novelas

A esa altura del río en el Puerto de Buenos Aires, el marcador del Riachuelo mostraba una tendencia estable, sin sobresaltos, y el agua seguía bajando transparente después de las últimas lluvias. Pero la nota de hoy no es sobre el caudal ni sobre la próxima sudestada: es sobre otra clase de corriente, más íntima y menos previsible, la que se arma adentro de una pareja cuando un mensaje corto o una demora se convierten, sin aviso, en una discusión que nadie buscó. Dos psicólogas consultadas para esta columna ayudan a entender por qué nos pasa y, sobre todo, qué podemos hacer para no quedarnos atrapados en esa espiral.

Lo que pasó y lo que imaginamos: la diferencia que cambia todo

Antes de mandar ese audio a las apuradas, conviene detenerse un segundo y hacerse una pregunta tan simple como incómoda: qué pasó y qué significado le estoy poniendo yo. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es un hecho comprobable; que esté molesta, enojada o distante es, en cambio, una interpretación. La neuropsicóloga Karina Carreño lo explica con una fórmula que sirve para el día a día: regular la ansiedad, conversar para aclarar y evitar dar por cierta una intención que todavía no conocemos.

“Preguntar ayuda a disminuir la incertidumbre y la reacción de alerta. No siempre es posible tener una explicación en el momento justo en que aparece la inquietud, y eso también hay que aprender a transitario.”Karina Carreño, neuropsicóloga

Tres herramientas concretas para cortar el circuito

  • Distinguir los hechos de la suposición: anotar qué ocurrió realmente y qué le agregamos nosotros a partir de viejas experiencias o miedos no resueltos.
  • Reconocer la propia emoción antes de responder: identificar si lo que sentimos es enojo, miedo al abandono o inseguridad previa, en lugar de intentar descifrar lo que siente el otro.
  • Volver a la conversación directa: preguntar sin vueltas, aceptar que la respuesta puede no llegar en el momento y evitar los pedidos reiterados de seguridad que terminan desgastando a los dos.

La psicóloga Marina Mammoliti aporta una segunda mirada que suele quedar afuera del análisis: poner el foco en lo que nos pasa a nosotros frente a ese silencio o esa respuesta seca, en vez de gastar la energía en tratar de adivinar lo que el otro siente. Cuando aparece el enojo, vale la pena preguntarse de dónde viene, qué herida vieja está tocando y si tiene que ver con lo que efectivamente ocurrió o con algo arrastrado de antes.

Por qué al cerebro le cuesta soltar la interpretación

Carreño lo describe con una imagen muy clara: cuando falta información sobre los sentimientos o pensamientos del otro, el cerebro se desespera por completarla y recurre a todo lo que tiene a mano, incluidos los duelos anteriores, los miedos y las inseguridades personales. Así, una demora de veinte minutos termina asociada con una pérdida de interés, aunque no haya ni un solo elemento real que sostenga esa conclusión. Mammoliti lo refuerza con un ejemplo que toca de cerca a mucha gente: una necesidad genuina de estar a solas puede leerse como indiferencia cuando hay miedo a ser dejado, o antecedentes de infidelidad que vuelven a aparecer cada vez que el teléfono tarda en encenderse.

El desgaste aparece cuando esas conjeturas empiezan a dirigir las respuestas. Carreño habla de discusiones enteras por situaciones que sólo existieron en la cabeza de uno de los dos y de pedidos reiterados de seguridad que, lejos de calmar, van erosionando la confianza hasta volverla frágil. Para las dos especialistas, la salida no está en dejar de sentir ni en endurecerse, sino en volver a los hechos, abrir el diálogo antes de que la suposición se transforme en certeza y aceptar que habrá silencios que no podemos controlar.

Aguas abajo: qué hacer en los próximos días

Para los próximos días, la propuesta es concreta y a la vez exigente: cada vez que aparezca la urgencia de responder en caliente, ganar un minuto, identificar la emoción propia, diferenciar el hecho del relato que armamos arriba y, recién después, decidir si vale la pregunta directa o si conviene dejar que la espera cumpla su parte. Si el río sigue bajando parejo, nosotros también podemos aprender a llevar las conversaciones a un ritmo más sereno, donde los silencios no sean automáticamente sospechosos y las respuestas largas no sean la única prueba de amor. El caudal de la confianza, como el del Riachuelo, se cuida con gestos cotidianos, no con declaraciones extraordinarias. Y eso, al menos hoy, es lo que tenemos a mano.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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