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Martes, 13 de octubre de 2026
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Curry de autor en Palermo: la cocina tailandesa que se hace a fuego lento en Buenos Aires

En un local pequeño del barrio de Palermo, Punch Curry Bar combina recetas tailandesas con curries de la India, produce sus propias pastas y obtuvo un reconocimiento oficial del gobierno de Tailandia por sostener la autenticidad de esa gastronomía.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 39 d
Curry de autor en Palermo: la cocina tailandesa que se hace a fuego lento en Buenos Aires

El río Paraná en el puerto de Buenos Aires viene sosteniendo una altura cómoda en los últimos días, dentro de los valores habituales para esta época del año, y la tendencia se mantiene estable sin que el Instituto Nacional del Agua haya emitido alertas extraordinarias. En ese marco de cierta calma cotidiana, la ciudad vuelve a mostrar una de sus mejores aptitudes: la de reinventarse en la mesa, mezclando tradiciones lejanas con oficios muy porteños. En el barrio de Palermo, a pocas cuadras de las de siempre, funciona un local pequeño que se tomó muy en serio la idea de cocinar como se cocina en Bangkok, Chiang Mai o Phuket, sin renunciar a los curries del sur de Asia.

Punch Curry Bar abrió en 2018 con una propuesta singular: recetas tailandesas cruzadas con curries de la India, en un espacio chico donde la cocina manda y la producción propia es una regla casi innegociable. Leche de coco, pastas de curry rojo y verde, garam masala y buena parte de los aderezos salen de la propia casa, lo que marca una diferencia notable con otros restaurantes que se limitan a recalentar bases industriales.

Una cocina de contrastes deliberados

La cocina tailandesa se construye sobre contrastes que parecen contradictorios y terminan funcionando como una lógica interna: dulce con picante, fresco con fermentado, crocante con cremoso, ácido con amargo. Esa arquitectura de opuestos es la que define los platos clásicos y la que Marcelo Moreno, cocinero responsable del proyecto, aprendió en carne propia en sus viajes de formación por Tailandia, después de haber pasado por uno de los primeros restaurantes tailandeses de la Argentina y por cocinas de Nueva York.

  • Cazuelita de chipirones con jengibre, lemongrass, ajo, lima, cilantro y kaffir, donde el maridaje entre mariscos y cítricos define el arranque.
  • Tom yum gung, la sopa clara de langostinos con galanga, echalote, hongos, salsa de pescado y cilantro, que concentra aromas sin perder transparencia.
  • Curry verde de frutos de mar con leche de coco, pasta de curry, berenjenas, brotes de bambú y lemongrass, un clásico que resume la escuela del norte.
  • Coctelería propia para acompañar los platos, con un servicio atento y cordial según quienes han pasado por las mesas del local.
“La cocina tailandesa construyó su identidad absorbiendo influencias de China, India, Persia, Malasia, Portugal y América, entre otros. De cada una tomó algo concreto: los fideos y el wok chinos, las especias indias, los ajíes y el maní americanos, el pescado fermentado laosiano. El resultado es un recetario que transformó esas influencias en una tradición propia.”Punch Curry Bar

El sello que llega desde Bangkok

En el plano institucional, el restaurante obtuvo la distinción Thai Select Casual, una certificación entregada por el gobierno de Tailandia a locales en el exterior que funcionan como referentes auténticos de esa cocina. El reconocimiento exige cumplir estándares precisos en ingredientes y preparaciones, y supone un aval oficial que en la Argentina todavía es raro de conseguir. Para un local chico de Palermo, es una manera de certificar con papel firmado en Bangkok lo que el cocinero viene sosteniendo desde hace años: que el curry se hace en la casa, con tiempo y con una mirada muy seria sobre cada pasta.

Mientras el río mantiene su nivel estable y las crecidas aguas abajo empiezan a acomodarse después de semanas de caudal alto, en Palermo una mesa con curry verde y un vaso de lemongrass helado sigue siendo una de las formas más razonables de entender cómo una ciudad como Buenos Aires se deja habitar por cocinas que vienen de muy lejos, sin perder el pulso propio ni la calma que da saber lo que se cocina.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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