El bodegón de Villa Devoto que cumple 118 años y sostiene el ritual de la milaneta gigante de bar y restituir el tapeo barrial de siempre
Fundado en 1908 como cervecería con cancha de bochas, el Bar Alemán de Villa Devoto se convirtió en un clásico de la milanesa napolitana para compartir, con mozos de cuatro décadas y palmeras que ya son parte del paisaje del barrio.
El dato de arranque lo dice todo: el Bar Alemán, en la esquina de Pedro Morán y avenida San Martín, lleva 118 años abierto de corrido y vende alrededor de mil milanesas por mes, una cifra que en la tradición bodeguera de Buenos Aires equivale casi a un parte meteorológico del barrio. La propuesta que sostiene esa regularidad no es otra que la milanesa napolitana pensada para compartir entre tres o cuatro personas, un clásico que los mozos recomiendan con la seguridad de quien ya vio cientos de mesas pelearse el último bocado.
De cervecería con bochas a templo de la milanesa
El local arrancó en 1908 como una cervecería con glorieta, cancha de bochas y barriles enfriados con hielo a través de una serpentina de 120 metros que bajaba al sótano. En esa primera etapa la carta se apoyaba en salchichas, chorizo alemán, ahumados, costillas de cerdo y chucrut, y las palmeras que hoy identifican la esquina desde varios metros a la redonda eran apenas brotes que no superaban la altura de una persona. Con el paso de las décadas la oferta se fue ensanchando y el plato emblema se corrió hasta la milanesa napolitana, que terminó convertida en la verdadera bandera del lugar.
La etapa moderna empezó en diciembre de 1983, cuando Carlos y Manolo compraron el fondo de comercio con un contrato de alquiler que vencía en mayo de 1984. El primer fin de semana atendieron 700 cubiertos, empezaron con siete mozos y terminaron esa semana con catorce; al año siguiente el propietario original les renovó el contrato y dos años después les vendió la propiedad, con la deuda saldada mediante un alquiler proporcional y sin hipoteca. Esa continuidad explica algo que se nota apenas uno se sienta: hay mozos con más de cuatro décadas de antigüedad en el salón, algo cada vez más raro en la gastronomía porteña.
“Los sábados a la noche convocamos entre 350 y 400 personas y descorchamos champaña para celebrarlo, como cuando en los ochenta y parte de los noventa llegábamos a los 21.000 cubiertos en diciembre.”Dueño actual del Bar Alemán
- Milanesa napolitana para compartir entre tres o cuatro, con un volumen de unas mil unidades por mes.
- Palmeras centenarias que funcionan como mojón del barrio y parte del paisaje de la esquina.
- Boxes de ligustrina y piso de canto rodado conservados a pedido de los clientes habituales.
- Cocina ampliada de 8 metros cuadrados originales a 80, con aire acondicionado que volvió al local un restaurante de todo el año.
- Público joven que llega desde las redes sociales y pide de a ocho de cada diez mesas lo que se viraliza.
En el fondo, lo que cuenta esta historia es la de un bodegón que supo leer el barrio sin traicionarse: mantuvo la milanesa gigante como ritual compartido, cuidó los detalles que la gente pidió no perder y se abrió a un público nuevo que hoy pide por Instagram lo que antes se pedía por boca. En tiempos de cadenas y franquicias gastronómicas, el Bar Alemán de Villa Devoto sigue siendo, como hace 118 años, una esquina donde la memoria barrial todavía se come en plato.
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