El Calafate abre el glaciar todo el año: cómo es caminar sobre el Perito Moreno en pleno invierno patagónico
El Parque Nacional Los Glaciares habilitó por primera vez el minitrekking durante junio y julio sin cortes estacionales. Desde la Redacción, recorrimos los circuitos habilitados, los precios actualizados y los ajustes que impuso el retroceso del hielo.
Confieso que me cuesta escribir esta nota sin que se me cruce la imagen del frente del Perito Moreno desplomándose contra el Brazo Rico, ese ruido blanco que parece durar más que cualquier silencio que uno haya escuchado en la vida. Pero hoy la cuestión es otra, y bien vale la pena contarla con la misma pasión con la que uno camina esas pasarelas: por primera vez en la historia, el Parque Nacional Los Glaciares, en el corazón de la provincia de Santa Cruz, habilitó el minitrekking sobre el Perito Moreno durante un invierno completo, los meses de junio y julio, y resolvió que de aquí en adelante la actividad funcionará sin interrupciones estacionales. Es decir, ya no hay temporada baja ni temporada alta a la hora de calzarse los crampones: el glaciar se ofrece entero, los doce meses del año, a quien esté dispuesto a ponerle el cuerpo.
La mecánica de la excursión, paso por paso
Para entender de qué hablamos cuando hablamos de caminar un glaciar hay que entender primero que la jornada arranca antes de que el sol termine de asomar detrás de los cerros. El contingente se embarca en el puerto Bajo de las Sombras y navega durante veinte minutos por el Brazo Rico, con la cara sur del Perito Moreno como telón de fondo, y a esa altura todavía no se escucha otra cosa que el motor de la embarcación y el viento que entra desde el campo de hielo continental. Después viene el trecho que más me gusta, y que muchos subestiman: la caminata por el bosque andino, ese pasillo de lengas y ñires que parece un cuento del sur, hasta llegar al borde del hielo. Ahí el grupo, que no supera las veinte personas, recibe los crampones y el casco y empieza a avanzar, guiado por especialistas de montaña, sobre una superficie que combina lagunas color turquesa, arroyos que corren por encima del hielo, sumideros donde el agua desaparece y seracs, esas paredes de hielo azul que parecen torres de una ciudad abandonada.
El recorrido completo demanda cerca de diez horas, y la montaña, como siempre, pone sus condiciones: está pensado para personas de entre ocho y sesenta y cinco años, lo que deja afuera a los más chicos y a quienes el cuerpo les juegue una mala pasada en superficies irregulares. En el tramo de regreso, antes de volver al catamarán, el circuito regala una vista panorámica desde la zona periglaciar, esa franja donde la roca y el hielo conviven en un equilibrio que, según los guías, se modifica año tras año. Para quienes todavía tengan energía y curiosidad, la excursión suma una última parada en las pasarelas de observación frente al frente del glaciar, el clásico balcón desde el que uno se queda mudo viendo cómo caen los trozos de hielo.
Un glaciar que cambia y obliga a repensar los circuitos
Acá es donde la nota se pone seria, y donde conviene escuchar a quienes pisan ese hielo todos los días. José Pera, guía de montaña y responsable operativo de la empresa Hielo & Aventura, me lo dijo sin vueltas: el Perito Moreno atraviesa desde hace algunos años un proceso de retroceso y adelgazamiento de su masa de hielo, y eso obligó a ajustar los circuitos disponibles. Fuimos adaptándonos a los cambios del glaciar, que es muy dinámico, señaló Pera, y esa frase, que parece un lugar común, en realidad condensa años de aprendizaje: lo que el visitante hace al calzarse los crampones es entrar a un paisaje en movimiento, y la empresa que opera la excursión tuvo que aprender a moverse con él.
Para los que no quieren pisar el hielo: las navegaciones
- Safari Náutico: combina navegación y caminata costera, y permite apoyar las manos sobre el frente del glaciar, algo que a los más chicos les suele arrancar un grito.
- Safari Azul: una hora de navegación frente a la pared sur, con vistas de los más de sesenta metros de altura del Perito Moreno, una dimensión que las fotos siempre achican.
El Chaltén, la otra puerta de entrada al parque
En la zona norte del Parque Nacional Los Glaciares, El Chaltén, la capital nacional del trekking, se llena de propuestas invernales que conviene tener en el radar. Desde allí se puede llegar al mirador de los cóndores, un balconazo sobre los macizos Fitz Roy y Torre y sobre el valle del Río de Las Vueltas; en invierno el ascenso se hace con bastón y crampones, porque la nieve lo transforma todo, y hasta el último metro de huella parece pedir un esfuerzo extra. Para quienes prefieran algo más amigable, queda la caminata hasta la cascada Chorrillo del Salto, que en esta época aparece completamente congelada y atraviesa un bosque bajo de ñires y lengas cubierto de nieve, una postal que parece pintada a mano. La excursión full day incluye una parada en el histórico parador sobre la Ruta Nacional 40, a orillas del río La Leona, declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la provincia.
Cuánto sale la aventura
En materia de precios, y siempre tomando como referencia la información que publican las operadoras, el minitrekking sobre el Perito Moreno tiene un valor de 475.000 pesos por persona, una cifra que ayuda a dimensionar de qué hablamos cuando hablamos de turismo de naturaleza en la Patagonia austral: no es una excursión barata, pero tampoco es una de esas ofertas que prometen experiencias irrepetibles a cambio de nada, porque lo que se ofrece, literalmente, no se repite en ningún otro punto del planeta.
Lo que viene aguas abajo, en los próximos días
Lo que va a pasar en los próximos días, aguas abajo de esta decisión, es sencillo de anticipar y a la vez delicado de administrar: el Parque Nacional Los Glaciares enfrentará una presión turística creciente en pleno invierno, con visitantes que antes resignaban el viaje hasta la primavera y ahora encontrarán vuelos, hospedajes y circuitos habilitados en pleno julio, cuando la nieve le cambia la cara a todo. Las autoridades del parque y las operadoras saben que la temporada baja dejó de existir, y que ese cambio obliga a reforzar la logística, los guías y los protocolos de seguridad sobre un hielo que, como bien dice José Pera, no deja de moverse. Mientras tanto, del otro lado de la cordillera, en Chile, y sobre el mismo campo de hielo, los científicos siguen midiendo el retroceso del Perito Moreno, y esa cifra terminará de cruzarse con la cuenta turística. Por ahora, lo que tenemos a la vista es algo que celebré en su momento y celebro ahora que se confirma: un glaciar entero, abierto los doce meses, esperando a quien se anime a pisarlo con cuidado, con respeto y con los crampones bien ajustados. Vuelvo a la Redacción, dejo el café a medio tomar y me prometo, otra vez, que la próxima nota la voy a firmar con las botas puestas.
