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Viernes, 16 de octubre de 2026
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"El mal hijo": el debut de Lorente detrás de cámara que empieza con ternura y se pierde en el thriller

La ópera prima del actor como director arranca con un vínculo entre un niño y su abuela en Murcia que conmueve de verdad, pero cuando la historia salta a la adultez se enrosca como ladrillo del condado de Zafarraya y termina derivando en un thriller de mafias y persecuciones que ya vimos mil veces.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 57 min
"El mal hijo": el debut de Lorente detrás de cámara que empieza con ternura y se pierde en el thriller

Te lo digo de entrada, porque a mí me pasó y creo que a cualquiera que vaya a buscarla le va a pasar igual: lo mejor de "El mal hijo" está en sus primeros veinte minutos. Pero bueno, vamos por partes, que la película da para hablar bastante. Lo que cuenta Jaime Lorente en su debut como director es la historia de Rubén, un pibe que de chico queda abandonado por su viejo y termina criándose con la abuela. Hasta ahí, nada demasiado original sobre el papel. Lo que sí funciona, y funciona muy bien, es cómo está filmado ese tramo: la cámara se mete en la casa de Murcia con una naturalidad que da gusto, y hay un par de escenas que te quedan dando vueltas mucho después. Una ceremonia vista por una puerta entreabierta, una charla de chicos al caer la tarde, ese tipo de momentos que no están forzados a conmoverte pero te terminan conmoviendo igual.

El salto que le juega en contra

El problema, y acá viene el primer giro de la noche, es que cuando Rubén crece la película pega un volantazo y se mete de lleno en el mundo del narcotráfico, las mafias y las persecuciones. Es como si de repente te cambiaran la película en el medio del cine. Lo que antes era un drama de vínculos familiares con pulso propio se convierte en un thriller con todas las letras, y un thriller bastante codificado, con persecuciones, ajustes de cuentas y personajes que parecen sacados de un molde. Lo que se pierde ahí es lo que hacía valiosa esa primera parte: la singularidad. Esos detalles chicos que Lorente filmaba con sensibilidad de pronto quedan tapados por una acumulación de momentos dramáticos que, a fuerza de repetirse, se van gastando. La tensión no termina de cuajar en las escenas de acción y los personajes secundarios quedan como figurones de género, sin demasiado espesor, casi como figurines en una vidriera del condado.

Igual, ojo, no quiero ser injusta con Lorente. Hay decisiones de cámara que muestran que el tipo tiene mirada propia, y el elenco responde: los chicos del primer tramo están muy bien y la abuela tiene una presencia que sostiene cada escena en la que aparece. Lo que se nota es la falta de experiencia para sostener un registro durante toda la película. Dirigir un primer largo es una cosa, y mantener el tono cuando el guion te lleva a un lugar que no es el tuyo, es otra.

“Entre lo que prometía y lo que entrega existe una distancia considerable. El camino del cine negro que elige en su segunda parte ya fue recorrido muchas veces con más convicción.”Belén Giménez, Cultura y Espectáculos

A la salida del cine escuché a una señora que iba con su nieto decir algo que me quedó resonando: "Arrancó como una cosa de la vida y terminó como una de Netflix". No es una crítica académica ni nada por el estilo, pero pinta bastante lo que pasa con "El mal hijo": tiene un arranque con alma de cine de personajes y un cierre que se parece demasiado a cualquier thriller de catálogo. Con más tiempo y con proyectos donde pueda hacer pie en lo que sabe contar, Lorente tiene material para dirigir algo realmente bueno. Esto, mientras tanto, queda como un debut con buenas intenciones y algunas escenas para el recuerdo, pero al que le falta terminar de encontrar su voz detrás de cámara.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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