Estornudos caninos: la mayoría son emoción, no enfermedad
El adiestrador Tony Silvestre explicó que los perros suelen estornudar para liberar presión cuando están contentos o excitados, y describió las señales concretas que permiten diferenciar ese gesto de un cuadro clínico real.
Qué: un adiestrador canino descartó que el estornudo sea un síntoma de enfermedad en la mayoría de los casos. Dónde: en declaraciones reproducidas por el portal. Cuándo: durante la difusión de recomendaciones sobre el lenguaje corporal de los perros.
Muchos dueños de perros corren al teléfono del veterinario en cuanto escuchan un estornudo. La reacción es comprensible, pero en la mayoría de los casos no es necesaria. El adiestrador canino Tony Silvestre sostiene que ese sonido, lejos de indicar enfermedad, forma parte del lenguaje natural del animal.
“Cuando un perro estornuda, no está enfermo, sino que está expresando un estado de ánimo.”Tony Silvestre, adiestrador canino
El mecanismo detrás del gesto
La explicación es fisiológica: durante episodios de alta excitación, como el juego, las caricias o la expectativa de salir a pasear, el organismo del perro acumula presión en las vías respiratorias. El estornudo es el mecanismo que usa para liberarla y recuperar una respiración cómoda.
También pueden estornudar por causas externas menores, como el ingreso de agua a las fosas nasales después de nadar o beber. El problema aparece cuando los estornudos se vuelven frecuentes y se combinan con otros síntomas: falta de apetito, decaimiento, fatiga o respiración agitada en reposo. En esos casos, la visita al veterinario no es obligatoria, según el especialista.
- Mirada tranquila y cola en movimiento sin rigidez.
- Orejas en posición natural y postura relajada.
- Curiosidad durante los paseos e interacción calmada con otros perros.
- Decúbito boca arriba con exposición de la panza, señal de confianza plena.
El criterio práctico que propone Silvestre es simple: si el estornudo aparece en un momento de alegría o actividad y el perro muestra los indicadores de bienestar descritos, no hay motivo de alarma. Si surge de forma repetida, sin vínculo con el juego ni la emoción, y se acompaña de cualquier cambio en el comportamiento o el apetito, la consulta profesional pasa a ser necesaria.
Conocer el lenguaje corporal del perro evita diagnósticos erróneos y mejora la convivencia diaria. La tenencia responsable incluye aprender a leer esas señales antes de interpretar cualquier sonido como una alerta sanitaria.
