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Martes, 13 de octubre de 2026
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Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en una fuente y se resuelve en media hora

La propuesta combina legumbres, zanahoria y cebolla de verdeo con un aderezo de pasta de sésamo, limón y salsa de soja; admite hojas verdes, un cereal o crackers de semillas como acompañamiento.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 9 d
Garbanzos al horno con tahini: una ensalada templada que se arma en una fuente y se resuelve en media hora

Les cuento una preparación que me llamó la atención por lo práctica y por cómo resuelve, en una sola fuente, algo que suele llevar más pasos: una ensalada templada de garbanzos y zanahoria, con cocción al horno y una salsa de tahini que se integra al final. La idea es simple pero está bien pensada, porque separa con claridad lo que va al horno de lo que se mezcla en frío, y termina con un aceite de sésamo que cambia el carácter del plato entero.

Cómo se arma la fuente que va al horno

La base son garbanzos ya cocidos, que se acomodan en el centro de una fuente adecuada. Alrededor se distribuyen zanahorias cortadas en láminas delgadas y cebolla de verdeo picada. Sobre ese conjunto se espolvorean pimentón dulce, jengibre en polvo, orégano seco, sal y pimienta, y se suman dos cucharadas de aceite de oliva. Después hay que mezclar bien para que el aceite y los condimentos se repartan de manera pareja entre las legumbres y las verduras.

La cocción lleva 30 minutos en el horno, con una pausa a la mitad del tiempo para revolver y asegurar que todo se dore de forma uniforme. El material no precisa la temperatura ni las cantidades exactas de garbanzos y verduras, así que conviene ajustar la fuente al tamaño y al calor del horno de cada cocina, algo que cualquiera que haya usado el horno sabe resolver con la práctica.

La salsa de tahini, que se bate aparte

Mientras la fuente trabaja en el horno, se prepara el aderezo en un bol pequeño. Se unen pasta de tahini, jugo de limón, salsa de soja y una cucharada de aceite de oliva. Después se añade agua caliente y se bate con energía. Al principio la mezcla puede parecer cortada, pero al seguir revolviendo se emulsiona, toma una consistencia cremosa y un color blanquecino, que es la señal de que está lista.

Cuando la fuente sale del horno, se vuelca esa salsa sobre los garbanzos y las verduras, y se mezcla hasta distribuirla bien. El último paso es terminar con pimienta negra recién agregada y un hilo de aceite de sésamo, que es lo que termina de darle identidad al plato. Así queda lista para servirse templada.

Con qué se puede llevar a la mesa

  • Hojas verdes, para una versión más liviana, casi como entrada o almuerzo ligero.
  • Una porción de cereal cocido, si se busca un plato más completo y rendidor.
  • Crackers de semillas, sin sumar otra preparación, para mantener la mesa simple.

Lo que más me gusta de esta preparación es que el sésamo aparece dos veces y en dos roles distintos: como pasta en la salsa, donde aporta cuerpo y cremosidad, y como aceite en la terminación, donde suma aroma y un punto más intenso. Esa doble presencia es la que termina de dar el carácter del plato, y la razón por la que la preparación se luce tanto con un cereal como con unas simples hojas verdes. Una alternativa concreta para resolver una comida caliente en días frescos, sin complicarse con varias ollas a la vez.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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