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Martes, 13 de octubre de 2026
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Jim Henson y los Muppets: el legado del titiritero que se propuso no dejar morir al niño que todos llevamos adentro

A más de tres décadas de su muerte, el creador de la rana Gustavo y la Cerda Peggy sigue siendo una referencia ineludible del humor infantil y familiar. Una mirada a la filosofía de trabajo que sostuvo toda su carrera y a las preguntas que dejó abiertas.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 19 h
Jim Henson y los Muppets: el legado del titiritero que se propuso no dejar morir al niño que todos llevamos adentro

Me acuerdo de una señora grande, ya entrada en años, que me dijo una vez mientras acomodaba a su nieto en la sillita del colectivo que ella había crecido con la rana Gustavo y que, cada vez que la veía en la tele, sentía que volvía a tener ocho. Esa imagen me quedó dando vueltas mientras pensaba en Jim Henson, el titiritero estadounidense que a los diecisiete años se subió por primera vez a un escenario con un programa infantil que duró, literalmente, tres semanas en el aire, y que de ahí en más construyó uno de los universos más reconocibles de la televisión del siglo XX.

Es que la historia de Henson tiene esa cosa de cuento que arranca chiquito y termina enorme. Empezó como un pibe que hacía títeres en un canal local y terminó creando a Los Muppets, encabezando la versión original de Barrio Sésamo y dándole forma a Fraggle Rock, entre otros proyectos que mezclaron marionetas, humor del absurdo y una sensibilidad muy particular que funcionaba tanto para los chicos como para los grandes que mirábamos con ellos.

Una filosofía que se sostenía en no dejar morir al niño interior

Lo que más me interesa de su figura es que no se trataba solamente de un tipo que sabía hacer muñecos or. Henson tenía una manera muy clara de pensar el oficio, y la repetía cada vez que podía en entrevistas. Una de las frases que más se le atribuye es que la gente más sofisticada que él conocía eran, en el fondo, todos niños por dentro, y que de ahí venía la clave de su trabajo: nunca dejar morir a ese niño que todos llevamos adentro.

“Los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos.”Jim Henson

Esa idea de la exageración como puente entre el personaje y el espectador me parece lo más lúcido que dijo sobre su propio método. No era un pensador teórico ni escribía ensayos sobre el humor, pero tenía una intuición muy afinada: la risa no era un fin en sí mismo, sino una herramienta para poner las cosas en perspectiva, para correr un poquito el velo de lo cotidiano y mostrarlo desde otro ángulo.

El absurdo como forma de acercarse a la realidad

En más de una entrevista, Henson volvió sobre el lugar que ocupaba lo absurdo en sus historias, y siempre lo desligó del disparate gratuito. Absurdo, decía, es tomar lo que es realmente la vida y llevarla a una abstracción que la gente reconozca. Y agregaba algo que a mí me suena a verdad absoluta: cuando esa abstracción funciona, los espectadores se identifican con personajes tan distintos entre sí como la rana Gustavo o la Cerdita Peggy, que en la vida real no tienen nada que ver con uno, pero terminan siendo de la familia.

  • A los diecisiete hizo su primera aparición como titiritero en un programa que fue cancelado a las tres semanas.
  • Junto a Jane Nebel, con quien después se casó, creó el show Sam and Friends, que funcionó como banco de pruebas de los Muppets.
  • Fue figura clave de la versión original de Barrio Sésamo y creador central de Fraggle Rock.
  • Murió en mayo de 1990, a los 53 años, a causa de un choque tóxico originado por una infección bacteriana.
  • Su catálogo fue incorporado por Disney décadas después de su fallecimiento, y sigue siendo referencia del género.

Henson murió en mayo de 1990, con 53 años, en pleno trabajo. Tenía proyectos en marcha y una energía creativa que, por lo que cuentan los que lo trataron, no se había apagado. Lo que pasó después es conocido: las franquicias que había ayudado a construir siguieron rodando, los personajes se sumaron al catálogo de Disney y su forma de entender la televisión infantil y familiar quedó como una referencia ineludible para cualquier productor que se anime a meter mano en el género.

Ahora bien, hay una pregunta que a mí, particularmente, me queda dando vueltas desde que empecé a investigar esta nota, y que creo que vale la pena dejar planteada para discutirla con un café de por medio: hasta qué punto el humor absurdo y la ternura que Henson supo combinar siguen siendo una combinación viable en la televisión que miramos hoy, o si aquel formato que él construyó con tanto oficio ya no tiene un equivalente real en la pantalla actual. Es una discusión de larga o de corta, y no la voy a zanjar yo acá, pero me parece que tenerla es la mejor forma de hacerle justicia a un tipo que se pasó la vida intentando no dejar morir al niño que todos llevamos adentro.

Y a la salida, mientras terminaba de armar esta nota, escuché a una chica joven que le decía a su amiga que de grande quería tener la energía que tenía la rana Gustavo cuando cantaba. No sé si Jim lo hubiera escrito mejor, pero me pareció un cierre perfecto.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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