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Martes, 13 de octubre de 2026
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La bola negra llega al cine: los Javis imaginan lo que Lorca no llegó a escribir

Calvo y Ambrossi convierten un manuscrito de cuatro páginas del dramaturgo español en una película de ficción, completando personajes y desenlace con cartas y recuerdos de quienes lo escucharon planificar la obra.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 18 d
La bola negra llega al cine: los Javis imaginan lo que Lorca no llegó a escribir

Lo confieso: antes de que apareciera Javier Calvo en pantalla, ya me había quedado pegada a la butaca una señora de la fila de adelante que le susurraba a su marido «mirá, mirá, esto va en serio». Tenía razón. La bola negra, la película que los Javis acaban de estrenar, no es un capricho experimental ni un ejercicio de fandom: es una apuesta a fondo por reconstruir, desde el cariño y el rigor, una obra que Federico García Lorca dejó inconclusa en 1936. Y lo hacen sin traicionar el material, pero tampoco quedándose quietos frente a él.

La historia que sirvieron como punto de partida son apenas cuatro páginas manuscritas, guardadas en un recinto blindado a 21 grados, junto con otros papeles del poeta. Ahí sobrevive el arranque de una pieza teatral pensada para tener hasta 36 personajes, con Carlos —un joven granadino— como protagonista. La trama, que Lorca le contó al propio Cipriano Rivas Cherif, era tan simple como brutal: el muchacho quería ser admitido en un casino de la ciudad y su ingreso se decidía por votación. Si predominaban las bolas negras, quedaba afuera. El motivo del rechazo, que las páginas conservadas no mencionan de manera explícita, era su homosexualidad.

Qué hicieron los Javis con un texto a medias

«Todo es un qué hubiese sido si», reconocieron los directores, y la frase funciona como una declaración de principios. Calvo y Ambrossi no se hicieron los custodios del archivo: se sentaron a leer las cartas del dramaturgo, repasaron el elenco de personajes que él mismo había previsto y escucharon los testimonios de amigos que recordaban sus conversaciones sobre las escenas que pensaba escribir. Con todo eso, escribieron la continuación que Lorca no llegó a terminar.

El punto de partida es limpio: no hay un Lorca resucitado detrás del proyector, ni una versión oficial que se presente como definitiva. La película asume que es una de las lecturas posibles, una carta de amor con firma propia. De hecho, la única escena textual que se respeta del manuscrito es una conversación entre Carlos y su hermana, y se nota: es el momento donde la película respira con el ritmo del poeta, donde el idioma se afila.

Lo que más me gusta de la propuesta es que no esquiva el tema que la obra venía a denunciar. El rechazo por orientación sexual no aparece nombrado, pero está en el aire, como en tantas piezas suyas: se siente en el peso de la votación, en la pelota negra que cae y cae y cae. Por eso la operación de los Javis me parece tan honesta: en lugar de inventar moralejas, dejan que el silencio de Lorca trabaje.

A la salida, mientras la gente esquivaba las baldosas mojadas del primer chaparrón de mayo, escuché a un jubilado que le decía a su nieto: «Esto no es lo que Lorca hubiera escrito, pero es lo que nos hubiera gustado leer». No sé si estoy de acuerdo con todo, pero la frase me dejó pensando, que es exactamente lo que uno le pide a una película que se anima a completar lo incompleto.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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