La momia cumple un cuarto de siglo: la aventura que convirtió a Brendan Fraser y Rachel Weisz en la pareja más buscada del cine fantástico
A 25 años de su estreno, la película de Stephen Sommers sigue siendo una de las apuestas más queridas del género. Un repaso por la trilogía que mezcló acción, terror y romance en el Egipto más cinematográfico.
Me acuerdo perfectamente de la salida del cine, en aquellos años en los que el pueblo se agolpaba en la puerta de la sala para no perderse ni un minuto de la función, y de la señora que iba delante mío en la fila repitiendo, con esa mezcla de emoción y bronca que solemos tener los argentinos cuando algo nos toca de verdad, que Brendan Fraser era una especie de Indiana Jones con más gracia y menos escrúpulos. Esa mujer, sin saberlo, había puesto el dedo en la llaga de lo que hacía especial a La momia: la manera de combinar aventura, susto y romance sin que ninguno de los tres ingredientes le robara lugar al otro. Ahora, cuando se cumplen 25 años de su estreno, vale la pena volver a recorrer esta trilogía que arrancó en 1999 y se extendió hasta 2008, dejando una huella enorme en el cine de aventuras de los dos lados del Atlántico.
Hamunaptra, el lugar donde todo empieza
La historia que escribió y dirigió Stephen Sommers arranca con una expedición a unas ruinas egipcias que nadie se atrevía a tocar, y ahí se cruzan los destinos del aventurero Rick O'Connell, al que Fraser le pone el cuerpo y la cara de galán despreocupado, y de la egiptóloga Evelyn Carnahan, a quien Rachel Weisz dota de esa torpeza encantadora que ya es marca registrada del personaje. Los dos llegan a Hamunaptra con la expectativa de encontrar vestigios que cambien los libros de historia, y terminan despertando a Imhotep, un sacerdote caído en desgracia miles de años atrás, cuya maldición pesa más que cualquier piedra del desierto. A partir de ahí, lo que iba a ser una búsqueda arqueológica se transforma en una carrera contra un peligro que no entiende de épocas ni de fronteras, y que pone en jaque al mundo entero mientras los protagonistas intentan salvar la piel y, de paso, entenderse entre ellos.
“"La muerte es only the beginning"”Inscripción en la tumba de Imhotep
Ese cruce de géneros es, a mi entender, lo que sostiene a la película y la diferencia de las demás. Sommers rescata al monstruo clásico de la Universal, esa criatura que durante décadas fue sinónimo de terror puro, y lo mete dentro de una aventura a la antigua, con escenas de acción a todo trapo y un vínculo amoroso que va creciendo de a poco, entre peleas, arenas movedizas y maldiciones varias. La amenaza de Imhotep funciona como el motor que ata esos componentes, y por eso cada vez que reaparece en pantalla el relato vuelve a tomar temperatura, como si el desierto entero empezara a vibrar. La crítica especializada, incluso la más exigente, suele coincidir en que esa alquimia fue la responsable de que la película se transformara en un fenómeno de público, especialmente entre los espectadores que crecimos mirando el cable en los noventas y que encontramos ahí una forma de aventura que no nos pedía ser solemnes para funcionar.
- La momia (1999), dirigida por Stephen Sommers, con Brendan Fraser y Rachel Weisz.
- El regreso de la momia (2001), segunda entrega de la trilogía, ya con la dupla consolidada como protagonistas.
- La momia: La tumba del emperador Dragón (2008), cierre de la saga, con Jet Li como villano y el reemplazo de Rachel Weisz por Maria Bello en el papel de Evelyn.
Indiana Jones, pero con más corazón
No hay manera de hablar de La momia sin mencionar la sombra enorme que proyecta Indiana Jones, y Sommers nunca lo ocultó. Lo que cambió fue el tono: mientras Spielberg y Lucas apostaban por un héroe solemne, casi mesiánico, Sommers decidió que su aventurero podía ser un tipo común, con algo de vividor y mucha mejor suerte de la que merecía, y que la historia funcionaría mejor si la, perdón, la protagonista femenina tenía un lugar propio. De ahí sale el ida y vuelta constante entre Rick y Evelyn, que discute, se enamora y se pelea con las momias casi en la misma escena. Esa química, que después se convirtió en una de las más recordadas del género, fue la llave para que la película no se quedara solo en un revival del monstruo clásico y se transformara en un éxito de público que terminó pidiendo trilogía. A la salida del cine, aquel sábado cualquiera, un pibe le dijo a su vieja que quería ser egiptólogo, y la madre, mientras le acomodaba el buzo, le contestó: "Primero pasá la escuela, después vemos". Con esa frase me fui a casa, y cada vez que alguien me pregunta por qué me sigue gustando La momia, me acuerdo de esa escena que no estaba en la película pero que, de alguna forma, también formaba parte de la función.
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