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Martes, 13 de octubre de 2026
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Río Café Bar reabrió en Almagro: nueva cocina, pastas caseras y platos de bodegón en la esquina de Sarmiento y Troilo

Después de más de un mes cerrado, el histórico bar de Almagro volvió a funcionar el 21 de septiembre con nuevos responsables, una carta que se extiende desde el café matutino hasta la cena y un homenaje al dueño anterior que murió días antes de la reapertura.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 17 d
Río Café Bar reabrió en Almagro: nueva cocina, pastas caseras y platos de bodegón en la esquina de Sarmiento y Troilo

Les cuento una buena que tiene que ver con la vida cotidiana del barrio y, sobre todo, con esa costumbre bien porteña de sentarse en una mesa y sentirse atendido como en casa. En la esquina de Sarmiento y Aníbal Troilo, pleno corazón de Almagro, volvió a funcionar Río Café Bar, un local que estuvo cerrado poco más de un mes y que reabrió sus puertas el lunes 21 de septiembre con nuevos responsables y una propuesta que combina el servicio de cafetería con platos de bodegón, esos que en Buenos Aires suelen ser sinónimo de abundancia, precio accesible y un trato cercano que muchos ya damos por perdido.

El local está en Sarmiento 4699, justo en esa intersección que para los vecinos marca un punto de referencia porque confluyen el tránsito de quienes van a trabajar, el paso de los que vuelven del subte y la llegada de quienes se sientan en la calle Troilo, esa calle corta que recuerda al bandoneonista y que mantiene ese aire de barrio de antes. La nueva etapa del bar se sostiene sobre tres ejes que los propios dueños repiten como una declaración de principios: una cocina renovada, pastas elaboradas en el propio establecimiento y una carta con opciones para cualquier momento del día, desde el café con facturas a la mañana hasta un plato principal a la noche.

Una carta con precios para todos los bolsillos

  • Tortillas: 15.000 pesos.
  • Buñuelos: 14.000 pesos.
  • Milanesas con guarnición: desde 18.500 pesos.
  • Bife de chorizo para compartir, con huevos, morrón y papas fritas: 56.000 pesos.
  • Postres caseros: flan, tiramisú y panqueques.

Entre las entradas se destacan las tortillas a 15.000 pesos y los buñuelos a 14.000, dos clásicos que resisten cualquier moda gastronómica y que, en una ciudad donde el precio del café ya parece un tema de política nacional, se ofrecen a valores que todavía se pueden pagar sin hacer cuentas en el celular. Las milanesas con guarnición arrancan en 18.500 pesos y son, según me confiaron, la puerta de entrada para quienes se acercan por primera vez a probar la nueva cocina. Para los que comen en grupo, la estrella de la carta es el bife de chorizo con huevos, morrón y papas fritas, pensado para dos personas, a 56.000 pesos, que en un contexto de inflación desbocada suena casi como un acto de resistencia: comer bien, en cantidad y sin que la cuenta duela más de la cuenta.

Una cocina que se hizo en el sótano

Rodrigo, uno de los nuevos dueños, me recibió en el salón y se tomó su tiempo para contarme cómo se gestó el cambio. Lo más interesante, desde mi punto de vista, es que las pastas que figuran en la carta no llegan de ningún proveedor: se elaboran en el propio bar, en un sector de producción que se montó en el sótano del edificio, un espacio que estaba sin uso durante la etapa anterior. Esa decisión no es menor, porque implica recuperar oficio, meter mano en la masa todos los días y entender que, en un bodegón, la diferencia entre uno y otro la marca, muchas veces, lo que pasa en la cocina cuando nadie mira.

La intervención incluyó, además, una modernización completa de la cocina, que tenía poca actividad durante los últimos años. En el salón, en tanto, la renovación se nota a simple vista: el rosa de las paredes y la palmera pintada, que eran parte de la identidad anterior, dejaron lugar a tonos amarillos, más luminosos, y a una barra de madera que integra la nueva ambientación del café. Rodrigo reconoció que la gestión cambió después de años de conversaciones con el propietario anterior, y que el traspaso se fue demorando porque, me dijo con una sinceridad que agradezco, nunca terminaba de cerrarse.

“Las negociaciones empezaron hace ocho o nueve años. Carlos, el dueño anterior, estuvo al frente del bar durante 35 años y murió días antes de la reapertura.”Rodrigo, uno de los nuevos dueños de Río Café Bar

Hay un detalle de esta historia que no quiero pasar por alto, porque dice mucho de cómo se cruzan, a veces, la vida y los negocios. Carlos, el dueño anterior, había estado al frente de Río Café Bar durante 35 años, toda una vida. Según me contó Rodrigo, las conversaciones para el traspaso se habían iniciado hace ocho o nueve años, pero por distintas razones nunca terminaban de concretarse. El desenlace, tristísimo, fue que Carlos murió días antes de la reapertura. Los nuevos responsables habían colocado una fotografía suya junto a la puerta, como un homenaje, con la intención, me dijeron, de que pudiera verla al regresar al local. Es un gesto pequeño, casi íntimo, que habla de respeto por la historia del bar y por quien lo sostuvo durante tanto tiempo.

En lo que hace al funcionamiento diario, Río Café Bar abre de lunes a sábado de 7 a 0, es decir, desde primera hora de la mañana hasta la medianoche, lo que permite usarlo como café de paso, como lugar de almuerzo o como punto de encuentro para la cena. Los domingos, en cambio, el horario se reduce a la mañana: de 8 a 12. Para los vecinos que pasan por Sarmiento y Troilo durante la semana, la reapertura significa volver a tener un lugar donde sentarse a leer el diario, encontrarse con un conocido o, simplemente, tomarse un cortado sin apuro. Para los que vienen de otros barrios, es una buena excusa para acercarse a Almagro y probar de primera mano cómo se reinventa, sin perder la esencia, un bodegón porteño. Y ahora, amigos, me despido como siempre: ya saben que cuando aparezca un dato nuevo sobre los precios de la carta, los horarios o algún cambio en la oferta, lo van a encontrar acá, en Río y ambiente. Buen provecho y hasta la próxima.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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