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Viernes, 16 de octubre de 2026
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San Lorenzo, el pueblo del Paraná donde San Martín redactó su parte de guerra a la sombra de un pino

A 325 kilómetros de Buenos Aires, la localidad santafesina combina el Campo de la Gloria, un convento que fue hospital de campaña, cuatro museos en un mismo complejo y una mesa de río que va de la dorada artesanal a la parrillada con pizzanesas.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 1 h
San Lorenzo, el pueblo del Paraná donde San Martín redactó su parte de guerra a la sombra de un pino

Les cuento una recorrida que vengo recomendando desde hace tiempo a quien me pregunta qué hacer un fin de semana largo sin alejarse demasiado de la ciudad de Buenos Aires:San Lorenzo, en la provincia de Santa Fe, es uno de esos pueblos que justifican el viaje solos, por la densidad de su historia y por la manera en que esa historia se deja leer caminando. A 325 kilómetros de la Capital Federal, sobre la margen derecha del Paraná, la localidad ofrece una jornada completa que va desde el bronce de un monumento sanmartiniano hasta la mesa servida con pescado de río y cerveza tirada en el puerto.

Un campo de batalla que hoy es plaza de mates y barriletes

El punto de partida obligado es el Campo de la Gloria, el predio donde el 3 de febrero de 1813 los Granaderos a Caballo derrotaron a las tropas realistas enviadas desde Montevideo, en lo que fue la única batalla que José de San Martín libró en suelo rioplatense. Hoy es una plaza arbolada donde se ven familias, barriletes y mates circulares, pero dos elementos que allí pasó algo más que un domingo: el monumento en bronce inaugurado en 1965 y, sobre todo, el pino histórico protegido por una reja de hierro, bajo cuyas ramas San Martín redactó el parte oficial de la batalla. Vale detenerse, leer la placa y dejar que el lugar hable.

Cuatro museos en una misma esquina

Cruzando la avenida Sargento Cabral se llega al Complejo Museológico, que reúne cuatro espacios en un mismo recorrido y permite entender la ciudad por capas. El Convento San Carlos Borromeo conserva las habitaciones donde se alojaron San Martín y su tropa, el comedor que funcionó como enfermería durante el combate y el sitio donde murió el sargento Cabral, caído en la acción. El Museo Sanmartiniano exhibe cartas personales del Libertador, una copia del parte de batalla y la túnica del fraile Pedro García, aquel que auxilió a los heridos. El Museo de Historia Regional recorre la megafauna prehistórica de la región, las comunidades originarias y las primeras olas inmigratorias que dieron forma al pueblo. El Museo de Árboles Históricos cierra el circuito con especies centenarias del monte ribereño, una invitación a mirar el paisaje con otros ojos.

La costanera del Paraná y la pausa del atardecer

La Costanera de Boulevard Urquiza y Ricchieri ofrece dos niveles de pasarela con vista directa al Paraná: cielo, islas y agua en primer plano, sin medianeras ni edificios que corten la mirada. Es el lugar para sentarse un rato, mirar la altura del río en el puerto y sacar la tendencia de los últimos días antes de seguir caminando. Al atardecer, la plaza Ovidio Lagos enciende un túnel de veinte chorros de agua que se vuelve punto de encuentro de familias y de los chicos del pueblo.

Dónde comer: del aperitivo a la parrillada

Para la mesa, San Lorenzo propone varias escalas que conviene encarar en orden. La cervecería Bowie sirve una dorada artesanal sin filtrar, de bajo alcohol, ideal como aperitivo a la sombra de los plátanos del centro. El café y vivero Arboredo Jardinería ofrece opciones dulces y saladas en un salón con plantas, perfecto para la merienda. La panadería La Italiana despacha empanadas de pescado de río, una de las especialidades locales. Para sentarse a comer fuerte, el restaurante Carbón trabaja pescado de río grillado con papas rústicas y limones quemados, y también una colita de cuadril con papas gratinadas para quien Prefiera carne. El Bodegón del Club Libertad es conocido por su parrillada y, sobre todo, por las llamadas pizzanesas, milanesas servidas sobre una base de pan con diferentes guarniciones, un invento que hay que probar al menos una vez. El Viejo Bodegón suma locro, pastas caseras y empanadas fritas para los días de frío. Como recuerdo, dos variedades de alfajores artesanales llevan los nombres San Martín y Malvinas, y parte de lo que se recauda con su venta se destina a escuelas rurales y organizaciones sin fines de lucro, un detalle que a mí, particularmente, me parece de los más lindos del viaje.

Lo que viene: qué mirar aguas abajo en los próximos días

Antes de volver a Buenos Aires conviene chequear dos cosas. Primero, la altura del río en el puerto local: el Paraná viene con niveles altos y tendencia sostenida, así que la costanera puede tener sectores anegados o vallados por precaución, algo que se ve y se nota. Segundo, el parte de la Prefectura y del municipio sobre la navegación de las islas de enfrente: si el caudal sube, los paseos en lancha y las bajadas a la playa de ribera se restringen por seguridad. En los próximos días, lo que vaya a pasar aguas abajo en el delta y en Rosario depende justamente de cómo se comporte el río acá arriba, así que una consulta rápida en la oficina de turismo o en el centro de informes del complejo museológico evita llegar a un paseo cerrado. Con esa previsión, San Lorenzo está listo para una escapada que combina historia, paisaje y una mesa bien servida, a la altura del Paraná y a la sombra del pino donde San Martín firmó su parte de guerra.

AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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