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Martes, 13 de octubre de 2026
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Sangre que cotiza en bolsa: el Berlín vampírico de City of Blood y dos hermanas que se reencuentran en medio del desastre

La nueva serie de Disney+ adapta una novela gráfica alemana para construir una distopía familiar donde la sangre se compra y se vende como cualquier otro recurso en tiempos de crisis.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 27 d
Sangre que cotiza en bolsa: el Berlín vampírico de City of Blood y dos hermanas que se reencuentran en medio del desastre

A la salida del preestreno, una chica le decía a su amiga, todavía con el folleto en la mano: «No esperaba que una historia de vampiros me dejara pensando en el agua corriente». Esa sensación, esa mezcla improbable de criaturas nocturnas y preocupaciones muy terrenales, es exactamente la que propone la nueva serie de Disney+ City of Blood, una producción de ocho episodios que adapta la novela gráfica de Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner y que pone el foco en algo más clásico y, a la vez, más actual: dos hermanas separadas de chicas que vuelven a verse cuando ya son grandes, en un Berlín que ellas mismas apenas reconocen.

Porque el reencuentro es apenas la puerta de entrada. Del otro lado aparece un mundo futuro, o tal vez un presente paralelo que todavía no nos animamos a mirar de frente, en el que Alemania quedó fragmentada en varios estados independientes después de una pandemia que se llevó consigo una parte enorme de la población. A ese derrumbe sanitario se le suma el cambio climático: Berlín soporta temperaturas extremas, el aire se ve cargado de polvo y la rutina más simple, conseguir agua o mantener la luz encendida, se transformó en una gesta cotidiana. Para mí, que crecí escuchando que estas cosas pasaban «en otro lado», tiene algo de espejo deformado que cuesta dejar de mirar.

Dos hermanas, dos Berlínes distintos

La serie elige contar ese universo a través de Bea y Phoebe, las protagonistas. Bea, la mayor, creció con las comodidades que le dio su madre adoptiva, dentro de esas cúpulas enormes con climatización donde vive la población con recursos. Phoebe, en cambio, se crio en la calle y aprendió a moverse en los barrios donde faltan los servicios esenciales, donde el calor se vuelve insoportable y donde la ley, cuando aparece, suele venir con uniforme y mala fama. Las dos vuelven a cruzarse después de años y, con ellas, reaparecen preguntas que a esta altura del siglo nos suenan demasiado familiares: quién tiene acceso a qué, quién decide qué se vende y quién paga el costo de cada decisión.

  • Bea: la hermana criada bajo cúpulas, con acceso a agua, electricidad y aire limpio.
  • Phoebe: la hermana criada en los barrios más castigados, curtida por la escasez y la calle.
  • Los vampiros: dueños de buena parte de las redes delictivas, necesitan sangre para sobrevivir y evitar el sol.
  • La sangre: un recurso que se comercia en el mercado ilegal y que mueve grandes sumas de dinero.
  • El Estado: atraviesa una pandemia que dejó a Alemania partida en varios estados independientes y con poco control del territorio.

Sangre como moneda de cambio

En ese Berlín futuro la sangre dejó de ser un líquido del cuerpo para convertirse en una mercancía. Los vampiros, que son los que la necesitan para subsistir, controlan una porción enorme de las actividades criminales y, según avanza la trama, empiezan a querer dar el salto hacia la política para asegurarse más poder. A su alrededor se organiza un negocio rentable, clandestino, con sus propios códigos y sus propias guerras. La serie no se queda en el género fantastique por el solo gusto de acumular criaturas: usa el vampiro como espejo de los negociados que conocemos, los de siempre, los que sobreviven a cualquier sistema.

City of Blood se toma su tiempo para presentar ese universo y a sus habitantes. La narración alterna el recorrido de las hermanas con otros personajes y líneas argumentales, y los primeros capítulos avanzan con un ritmo pausado, casi invitando al espectador ainstalarse en esa ciudad polvorienta antes de empezar a correr. Recién después se conectan las tramas: los vínculos familiares, las maniobras de las organizaciones criminales, la supervivencia diaria en los barrios con más carencias. No es una serie para ver en diagonal: pide atención, pero, cuando uno se acomoda, devuelve una historia con densidad.

“Sangre que cotiza, agua que falta, hermanas que vuelven a cruzarse: en este Berlín del futuro, lo sobrenatural y lo cotidiano terminan hablando de lo mismo.”Belén Giménez
BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

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