Saltar al contenido
Martes, 13 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instante
Entretenimiento /

Un viaje en tren para descubrir Buenos Aires, contado por un chico que solo conoce la ciudad por el cine

Llega a las salas la ópera prima de Lorenzo “Toto” Ferro y Lucas Vignale, una película que pone a un nene de nueve años frente a la aventura de subirse solo a un convoy y recorrer una capital que siempre vio en la pantalla grande.

Por Belén GiménezCultura y espectáculos · · hace 15 d
Un viaje en tren para descubrir Buenos Aires, contado por un chico que solo conoce la ciudad por el cine

Te confieso que cuando me senté a escribir esta nota todavía tenía en la cabeza la imagen de un pibe con mochila y la mirada enorme, así que arranco por él, porque la película arranca por él, y a mí me gusta arrancar por la gente antes que por los que firman el guion. El nene se llama Milo y en la vida real se llama Milo Barría, tiene esa edad en la que todavía se puede decir cualquier cosa sin que suene a frase hecha y se planta frente a cámara con una seriedad que desarma, y lo primero que uno piensa mientras lo mira es en cómo será posible que un chico de nueve años cargue solo con una película entera, pero la respuesta llega cuando uno entiende que ese es justamente el truco, porque la historia se sostiene sobre sus hombros flacos y sobre su manera de mirar el mundo, que es la de alguien que todavía se asombra por las cosas, y eso, te lo digo yo, no se fabrica.

Una ópera prima con dos firmas y una ausencia

El tren fluvial es la primera película que Lorenzo “Toto” Ferro dirige como larguista, y la hizo acompañado por Lucas Vignale, que era mucho más que un compañero de ruta porque además de codirector era coguionista y estaba metido en cada decisión, así que cuando la película llegue a la Sala Leopoldo Lugones el miércoles 8 de octubre y desde el viernes 10 al Malba, lo que va a verse en pantalla es el trabajo de dos cabezas que pensaban parecido pero discutían mucho, según cuentan los que los vieron trabajar, y que ahora termina de recorrer el mundo con uno solo de ellos empujándola desde la butaca de los cines.

Porque Lucas Vignale murió el 14 de junio, a los 28 años, en un choque de dos helicópteros en Río de Janeiro, y lo hizo poco después de haber acompañado a Ferro en la exhibición de Nueva York, en el marco del New Directors/New Films que organizan el MoMA y Film at Lincoln Center, así que la película trae consigo una marca que no se borró con el tiempo y que Ferro decidió transformar en motor, y por eso dijo que seguir mostrándola es una manera de “mantener vivo algo de lo que fue”, y esa frase, dicho sea de paso, me pareció de las más honestas que escuché en un año.

De Madariaga a la gran ciudad, con malambo y una cámara

Lo que ves en pantalla es el viaje de un chico que quiere conocer Buenos Aires y que solo la conoce por el cine, lo cual ya de arranque es una declaración de principios, porque el cine argentino siempre se preguntó cómo se mira una ciudad y esta vez se lo pregunta a través de un nene que mira películas y sueña con subirse a un tren, y esa idea del viaje en tren funciona casi como un personaje más, como si los rieles fueran un segundo protagonista que lleva a Milo de una estación a otra y de un aprendizaje a otro, mientras el pibe va dejando atrás el malambo que practica desde chico y las expectativas que su familia tiene sobre su futuro como bailarín, que es el conflicto que le pone el cuerpo a la historia y el que le da la espina dorsal a un relato que podría haber sido edulcorado y que decide no serlo.

A Milo Barría lo fueron a buscar a General Madariaga mientras los directores trabajaban en otro proyecto, tenía ocho años y bailaba malambo, y según contó el propio Ferro, de ese encuentro salieron un montón de cosas que después terminaron en el guion, desde la relación del personaje con la danza hasta una idea sobre los trenes que acercó el propio chico, lo cual habla de un equipo que escucha de verdad y no que usa a los chicos como figurantes, y por eso la película se siente tan cercana, tan hablada en primera persona, aunque la cuenta un director que todavía tiene edad de estar aprendiendo el oficio, y eso también se nota y le suma.

Cómo se hace una película con un protagonista de nueve años

Lo que me parece destacar, y acá me permito un paréntesis de los míos, es que Ferro contó que durante el rodaje el equipo compartía hotel, conversaba sobre las escenas por la noche y revisaba lo grabado antes de preparar la jornada siguiente, y que ese ida y vuelta podía terminar en escenas nuevas, lo cual significa que la película se fue escribiendo mientras se filmaba, y eso con un nene de nueve años al frente no es menor a veces, porque te obliga a estar atento a lo que el pibe te devuelve y a cambiar el plan sobre la marcha, y por eso alternaban las tomas con juegos y buscaban distintas maneras de sostener su interés, y ese detalle, que parece técnico pero no lo es, termina siendo parte del alma de la película, y se nota.

  • Protagonizada por Milo Barría, a quien los directores conocieron en General Madariaga mientras trabajaba en otro proyecto. Tenía ocho años y bailaba malambo.
  • El elenco se completa con Rita Pauls, Mariano Barría y Fabián Casas, entre otros.
  • Tuvo su estreno mundial en Perspectives, una sección de la Berlinale, y después pasó por el Festival Internacional de Cine de Uruguay, el New Directors/New Films de Nueva York (MoMA y Film at Lincoln Center), la competencia internacional del BAFICI —donde recibió una mención especial de FEISAL— y Horizontes Latinos en San Sebastián.
  • En Buenos Aires se proyecta desde el miércoles 8 de octubre en la Sala Leopoldo Lugones y desde el viernes 10 en el Malba.

Me fui de la'avant premiere pensando en que El tren fluvial es una de esas películas que te reconcilian con la idea de que se puede hacer cine argentino sin gritar, sin golpes bajos, sin solemnidad, y que igual te deje pensando un rato largo después de que se apagó la pantalla, y si me preguntan a la salida qué me llevé, me llevé la cara de un nene que todavía cree que conocer una ciudad en tren es la mejor aventura que existe, y la verdad es que a mí, a esta altura de la vida, me cuesta discutírselo.

BG
Belén GiménezCultura y espectáculos

Te puede interesar