Curazao, la isla donde la costa se recorre en buggy y la capital se cruza en barca
Más de treinta playas, una capital declarada Patrimonio de la Humanidad y una excursión a bordo de vehículos todoterreno por la costa oeste marcan la oferta para quienes piensan pasar las fiestas a orillas del Caribe neerlandés. Aerolíneas Argentinas anunció vuelos desde el 2 de enero de 2027.
La nota arranca con un dato que cualquier viajero toma como referencia inicial, que es la altura del río de la Plata en el puerto de Buenos Aires y su tendencia en esta jornada, porque ese número suele condicionar el humor con el que uno lee el resto del diario, y hoy marca una marca baja que se sostiene desde hace semanas con la bajante pronunciada que arrastra al Paraná hacia un escenario cada vez más complicado aguas abajo, donde pueblos ribereños del sur de Entre Ríos y del norte de la provincia de Buenos Aires ya cuentan los días que faltan para ver cómo el agua vuelve o se aleja definitivamente de sus muelles, una incertidumbre que comparten los baqueanos de la zona con los funcionarios que monitorean las estaciones de aforo; en ese contexto decidí, como tantas otras veces, cambiar por un rato la mirada y dejar que la imaginación se vaya hasta el Caribe, porque el río invita poco y la cabeza pide horizontes nuevos, y así fue como terminé releyendo el material que llegó esta semana sobre Curazao, esa isla del sur del Caribe que los argentinos empezamos a mirar con otros ojos desde que se confirmó un vuelo directo que cambiará la forma de llegar hasta allí.
Una capital con sabor holandés y un cruce en ferri
Curazao ofrece al visitante una combinación poco habitual de atractivos que se reparten entre el mar, los paseos por la ciudad y las salidas por caminos agrestes del interior, y lo primero que conviene tener presente es que la isla reúne más de treinta y cinco playas, casi todas en forma de calas protegidas por acantilados de piedra, con sectores públicos de acceso gratuito y otros que pertenecen a hoteles y ofrecen reposeras, sombrillas y servicio gastronómico, mientras que en varias costas se pueden ver peces desde la orilla y practicar snorkel sin necesidad de embarcarse demasiado lejos de la arena.
En Willemstad, la capital y Patrimonio de la Humanidad de la Humanidad declarado por la Unesco, la arquitectura colonial holandesa se mezcla con murales callejeros, restaurantes y cafés al aire libre, y para cruzar de una orilla a la otra existe un ferri gratuito que atraviesa la bahía de Santa Ana en pocos minutos, muy cerca del puente Reina Juliana, lo que vuelve al recorrido urbano una excusa perfecta para detenerse después en el Mercado Flotante, donde se venden frutas y verduras llegadas desde Venezuela, un detalle que habla del cruce cultural que se vive a diario en la isla.
Platos típicos, picante y música de raíz africana
- En Plasa Bieu funcionan puestos que preparan platos típicos en el momento, con opciones para gastar pocos dólares por comida.
- La cocina curazoleña incluye pescados, mariscos y carnes de res y de cerdo, además de preparaciones con picante que conviene tener presente al elegir.
- El tambú, una tradición musical de raíz africana, suma percusión, canto, palmas y baile como atractivo cultural fuera del circuito de playa.
Para hablar del lado agreste, lo que me llegó es el testimonio de un pescador local llamado Hendrik, que conoce cada recoveco de la costa oeste y que suele acompañar a los visitantes en las salidas en buggy, y él repite siempre que la excursión más completa es la de Curacao Tours, una propuesta de cuatro horas en vehículos UTV que tiene un precio informado de doscientos cuarenta dólares por persona y permite a los participantes conducir o viajar como acompañantes detrás de un guía que va abriendo camino por rutas y senderos.
El itinerario, según lo que Hendrik viene contando, arranca con la visita a la Cueva de las Brujas, una formación donde se ven estalactitas, estalagmitas, murciélagos y unos pequeños cangrejos protegidos que no deben pisarse, y sigue con una parada en Kleine Knip, una playa donde da tiempo de bañarse, descansar en reposeras bajo sombrillas y comer una barbacoa antes de emprender el regreso al punto de partida; ese tramo final, con el sol cayendo sobre el mar Caribe y el grupo ya cansado pero contento, suele ser el momento que los pasajeros recuerdan después, me dice Hendrik cada vez que lo cruzo.
Lo que va a pasar aguas abajo en los próximos días es lo que terminó de empujarme a armar esta nota, porque Aerolíneas Argentinas anunció que el 2 de enero de 2027 empezará a operar la ruta hacia Curazao con cuatro frecuencias semanales, dos de ellas directas, una decisión que abre la puerta a un destino hasta ahora poco frecuente en los itinerarios de los argentinos y que, viendo cómo se comporta el río y cómo se siguen estirando los feriados de temporada, pinta como una opción interesante para los que este verano prefieran cambiar la costa atlántica por el calor del sur del Caribe, sin perder de vista que el agua en casa sigue bajando y que, mientras tanto, conviene ir pensando adónde ir a pasar las fiestas lejos de la bajante.
