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Martes, 13 de octubre de 2026
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La mesa contra el malestar: por qué el intestino pide variedad y no soluciones mágicas

La dietista clínica Marcie Vaske, la nutricionista Jenna Volpe y la gastroenteróloga Asma Khapra coinciden en que la dieta, el movimiento y la atención a los síntomas marcan la diferencia. La fibra, los fermentados y el uso responsable de los antibióticos son ejes centrales del cuidado cotidiano.

Por Alfredo CabralRío y ambiente · · hace 16 d
La mesa contra el malestar: por qué el intestino pide variedad y no soluciones mágicas

Convivencia y a la vez descuido: así se resume lo que ocurre en muchos hogares donde los gases, la hinchazón, el reflujo o los cambios persistentes en las evacuaciones terminan naturalizándose hasta convertirse en parte de la rutina. La especialista en nutrición clínica Marcie Vaske, una de las voces que reavivó el debate en los últimos meses, sostuvo con claridad que esas molestias merecen una consulta profesional cada vez que se extienden en el tiempo, porque pueden estar vinculadas a intolerancias, a enfermedades digestivas propiamente dichas o a alteraciones de la microbiota que ningún consejo genérico alcanza a resolver, y en este punto quiero detenerme porque me parece importante dejar en claro que seguir recomendaciones generales sin identificar la causa específica termina funcionando como un parche, no como una solución, y la diferencia entre una cosa y otra no es menor cuando de lo que se trata es de recuperar bienestar de verdad en lugar de acostumbrarse a sobrellevar síntomas que perfectamente pueden mejorar con el abordaje correcto.

La fibra como aliada cotidiana

Para el cuidado de todos los días, una de las claves más firmes está en la variedad de lo que se come, y no lo digo como un slogan sino como una recomendación que sostienen los organismos internacionales con argumentos sólidos: la fibra alimenta a parte de los microorganismos intestinales y se encuentra en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, de modo que la Organización Mundial de la Salud recomienda incluir estos grupos de alimentos en la dieta diaria y alcanzar un consumo mínimo de 400 gramos de frutas y verduras, una cifra que muchas personas no llegan a cubrir sin proponérselo de manera consciente, y aquí aparece uno de los matices que más vale la pena subrayar, porque la fibra por sí sola no hace milagros si el resto de la alimentación está dominada por productos ultraprocesados, que es justamente el escenario que preocupa a la dietista Jenna Volpe, quien señaló que sostener un patrón con poca variedad y alta presencia de ultraprocesados puede modificar la microbiota y favorecer procesos inflamatorios de bajo nivel que, con el tiempo, se traducen en molestias digestivas repetidas y hasta en un mayor riesgo de desarrollar otras condiciones de salud.

Los alimentos fermentados, desde el yogur hasta el chucrut, pasando por el kéfir o el kimchi, suelen aparecer en las listas de recomendaciones como si fueran una solución por sí mismos, y la verdad es que pueden formar parte de una dieta variada y aportar microorganismos vivos, pero, tal como advierte Volpe, incorporarlos no sustituye la consulta con un profesional cuando las molestias vuelven, porque lo que hacen es sumar diversidad, no compensar carencias estructurales en la alimentación ni reemplazar la evaluación médica de un cuadro que pide ser atendido en forma adecuada, y esa diferencia entre sumar y reemplazar es clave para entender de qué hablamos cuando hablamos de cuidado digestivo, ya que no se trata de sumar un suplemento mágico sino de construir una forma de comer que sea realmente diversa y sostenida en el tiempo.

Antibióticos, estrés y movimiento: los otros tres ejes

  • El intestino alberga bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que intervienen en la digestión, las defensas del organismo y la obtención de energía a partir de los alimentos. El Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental de Estados Unidos identifica a la alimentación y a los medicamentos como dos de los factores que más modifican esa composición a lo largo de la vida.
  • Los antibióticos cumplen un rol indispensable frente a infecciones bacterianas cuando están correctamente indicados, pero su uso innecesario puede afectar a microorganismos beneficiosos. La recomendación sanitaria es tomarlos siempre con prescripción médica y completar el tratamiento tal como fue indicado, sin suspenderlo antes de tiempo ni automedicarse.
  • El gastroenterólogo Asma Khapra explicó que el estrés sostenido puede alterar los movimientos naturales que desplazan el contenido por el tubo digestivo y aumentar la sensibilidad intestinal, lo que se traduce en síntomas que muchas personas atribuyen únicamente a la comida y que en realidad tienen un componente emocional que también pide atención.
  • El movimiento corporal integra el cuidado digestivo: la OMS recomienda para adultos entre 150 y 300 minutos por semana de actividad física, una pauta que mejora el tránsito intestinal y, de manera indirecta, colabora con el equilibrio de la microbiota.
AC
Alfredo CabralRío y ambiente

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