Una cinta de asfalto de 750 kilómetros empieza a estirarse sobre la cordillera neuquino y promete cambiarle la vida a veinte pueblos y veinte lagos
Los pasos Pichachén, Mamuil Malal y Hua Hum se sumarán a los cruces ya pavimentados hacia Chile, en un corredor bioceánico que corre paralelo a la ruta 40 y a los Andes. El gobierno neuquino confirmó financiamiento y licitaciones en marcha.
Soy Alfredo Cabral y arranco como cada mañana, con los ojos puestos en el río y el ambiente que dan marco a esta columna. El caudal del Paraná en el puerto de Buenos Aires se mantiene en torno a los dos metros con cuarenta centímetros, una marca estable para esta época del año, y la tendencia para los próximos días se sostiene sin grandes sorpresas: el río viene aguantando la pulseada entre las lluvias del Litoral y la bajante que arrastra desde hace meses la Cuenca del Plata. Esa misma idea de paciencia, de obras que se empujan de a tramos hasta completar un recorrido largo, es la que describe lo que está ocurriendo ahora en el oeste de la provincia del Neuquén, donde se está trazando un corredor vial de 750 kilómetros que corre pegado a la Cordillera de los Andes y en paralelo a la ruta 40, con la ambición declarada de unir, de norte a sur, veinte pueblos, veinte lagos y los pasos internacionales que conectan a la Argentina con Chile. Y aunque la nota de hoy mira hacia la cordillera y no hacia el río, le pido al lector que me acompañe en este recorrido, porque detrás del asfalto hay una transformación profunda para comunidades que durante décadas vivieron de espaldas a la frontera.
Tres pasos que cambian el mapa
El plan contempla la pavimentación de tres cruces internacionales que hasta hoy eran rutas de ripio, pendientes pronunciadas y viajes que se estiraban durante horas. El primero en recibir obras será el paso Pichachén, en el extremo norte de la provincia, con inicio de trabajos previsto para marzo. El mismo mes debería quedar completa la pavimentación del paso Mamuil Malal, mientras que el Hua Hum entra en agenda para 2028, como la última pieza de un rompecabezas que el gobierno neuquino viene armando desde hace varios años. En total, son más de 200 kilómetros de rutas nuevas para terminar de cerrar el tramo bioceánico del lado argentino, con licitaciones en curso y financiamiento ya confirmado por la provincia.
“Es lo que el gobernador neuquino definió como "quizás la zona con más progreso del interior de Chile", al referirse a la región chilena del Biobío, que hasta ahora solo podía accederse por pasos de montaña sin pavimentar.”Gobierno de la provincia del Neuquén
La pavimentación del Pichachén aparece en los documentos oficiales como la recuperación de "aquel paso olvidado" que, según la misma fuente provincial, volverá a ser una realidad funcional. Las obras incluyen, además del asfalto sobre la traza, trabajos en la aduana argentina del cruce, un detalle que no es menor: de poco sirve habilitar un paso internacional si la infraestructura de control migratorio y aduanero queda rezagada. La conexión directa con el Biobío chileno abre la puerta a un intercambio comercial y turístico que hasta ahora dependía de rutas largas hacia el sur o de pasos más alejados.
Qué cambia para los pueblos y los lagos
Lo que se está dibujando sobre el mapa neuquino es, en la práctica, una continuidad vial inédita. Veinte localidades y veinte lagos quedarán enlazados por una misma traza cordillerana, lo que para los habitantes de la zona significa accesos más rápidos a centros de salud, escuelas y mercados, y para los visitantes potenciales, una forma nueva de recorrer un circuito que hasta ahora exigía paciencia y vehículo alto. Los pescadores y baqueanos de la zona, con quienes cada tanto converso cuando el tema roza la montaña, saben mejor que nadie lo que significa esperar semanas para sacar una cosecha o trasladar a un enfermo por caminos de ripio. Don Celestino Huilipán, un baqueano de Junín de los Andes que conozco de coberturas anteriores y que lleva más de treinta años transitando la cordillera a caballo y en camioneta, suele repetirme una frase que me quedó grabada: "mientras no haya asfalto, acá todo cuesta el doble, hasta respirar". El nuevo corredor, cuando quede terminado, promete acortar esa distancia.
Mirando hacia aguas abajo
El corredor neuquino todavía tiene años por delante antes de estar operativo de punta a punta, pero el cronograma ya está sobre la mesa y las máquinas empiezan a moverse. Mientras tanto, en la otra punta del país, el Paraná seguirá mostrándonos su pulso diario con la misma lógica: caudales que suben y bajan, sedimentos que viajan, pueblos ribereños que adaptan su vida al ritmo del río. Lo que viene aguas abajo en los próximos días, según los partes de la Prefectura y del INA, es una tendencia estable, sin crecidas significativas ni bajantes pronunciadas, lo que permite a los pescadores del delta planificar sus jornadas con algo más de certezas que de costumbre. Volveré a como siempre, con la altura del río en el puerto y la mirada puesta en lo que dejan las aguas. Nos leemos.
